Preguntas de los católicos

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July 2012 Entradas

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¿Por qué decimos que “Jesús descendió a los infiernos”?

Por: Alice L. Camille   🕔 Monday 16, July 2012 Categorías: Scripture,Doctrines & Beliefs

Esta frase aparece en el menos comúnmente rezado Credo de los Apóstoles (no en el Credo de Nicea, usualmente recitado en la misa), lo cual podría explicar por qué muchos feligreses no se lo preguntan. Después de todo, las enseñanzas de la iglesia definen al infierno como el lugar de los condenados. ¿Por qué visitaría Jesús a aquellos que no pueden ser salvados?

descent into hell
ÍCONO de Jesús descendiendo a los infiernos (detalle).

La respuesta se encuentra enterrada en las Escrituras, como suele suceder. Teológicamente, infierno se deriva de las anteriores nociones de Sheol (hebreo) y de Hades (griego). Sin importar cómo lo llamemos, las antiguas ideas acerca del Más Allá no eran agradables. No había una vida después de la muerte en los antiguos tiempos finales, solamente un inframundo de incorpórea y cruda consciencia sin voluntad ni movimiento. Olvídate de todo lo que sabes acerca del Día del Juicio Final: los buenos, los malos y los aburridos supuestamente terminaban todos en el mismo sustrato espiritual de inutilidad. Los muertos eran llamados sombras, literalmente sombras de quienes fueron en vida. Incapaces de actuar o ejercer su voluntad, simplemente se corrompían y se lamentaban de sus oportunidades perdidas.

En los grandes escritos épicos de los antiguos, con frecuencia los héroes visitaban el inframundo buscando respuestas, enemigos vencidos o viejos amigos. Podían hablar con ellos, pero no podían ofrecerles ayuda. La historia de Jesús es diferente. Una maravillosa homilía para el Sábado Santo que se encuentra en el Oficio de Lectura de la Liturgia de las Horas lo dice todo: “Un gran silencio envuelve la tierra; un gran silencio y una gran soledad…porque el Rey duerme…Va a buscar a nuestro primer Padre como si éste fuera su oveja perdida. Quiere visitar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte…va a librar de sus prisiones y de sus dolores a Adán y a Eva…No te creé para que permanezcas cautivo en el abismo; levántate de entre los muertos, pues yo soy la vida de los muertos” (consulta el Catecismo de la Iglesia Católica, núm. 635).

La idea de que Jesús fue primero con los muertos a darles las buenas nuevas de la Resurrección no es una invención de las homilías primeras. El evangelio de Juan clama: “Les aseguro que la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oigan, vivirán” (5:25). Lucas aborda el tema en Hechos, y Pablo alude a él en sus cartas. La Primera Carta de Pedro dice que después de su muerte Cristo “fue a hacer su anuncio a los espíritus que estaban prisioneros, a los que se resistieron a creer”, “porque la Buena Noticia ha sido anunciada a los muertos”. (3:18-19; 4:6). Así que esto responde la pregunta: Jesús fue primero con los muertos para llevarles las buenas nuevas a aquellos que las necesitaban más.

Escrituras
• Salmos 6:6; 88:2-13; Mateo 12:40; Juan 5:25; Hechos 2:24-31; Romanos 8:11; 10:7; 1 Corintios 15:20; Filipenses 2:10; Efesios 4:9; Hebreos 2:14-15; 13:20; 1 Pedro 3:18-19; 4:6; Apocalipsis 1:18

Libros
Death and Afterlife: A Theological Introduction by Terrence Nichols (Brazos Press, 2010)
Shades of Sheol: Death and Afterlife in the Old Testament by Philip S. Johnston (IVP Academic, 2002)

¿Por qué Dios deja que pasen cosas malas?

Por:   🕔 Wednesday 11, July 2012 Categorías: Doctrines & Beliefs
God

Ésta es una de esas preguntas tan antiguas como la humanidad: ¿Cómo es posible que un Dios bueno y todopoderoso haya permitido que el mal y el pecado vinieran al mundo, y que además continúe tolerándolos?

Si miramos al mundo, la acusación parece bastante fuerte. La raza humana parece no poder liberase de su adicción a la violencia para resolver sus conflictos. No encuentra la manera para compartir sus considerables recursos de modo que todos tengan lo suficiente. Parece empeñada en la destrucción del planeta del cual depende su propia existencia. No cuida de manera apropiada a muchos de sus niños. La ignorancia, el egoísmo, la maldad y la falta de honradez son cosas de cada día; una persona haciendo algo bueno por otra es toda una noticia.

Además de todo, las cosas no parecen haber cambiado mucho. En los primeros tiempos de la iglesia, un movimiento cristiano llamado Gnosticismo vio todo el mal existente alrededor y concluyó que la creación era justamente eso –mala- y que el Dios que habían aprendido a considerar como el creador del mundo no podía ser realmente Dios, dados los resultados. Tenía que haber otro Dios, uno verdadero.

Los primeros padres de la iglesia, como San Ireneo y San Agustín, reconocieron que retar la creencia más básica de todas –acerca de Dios– amenazaba a la fe entera sobre la cual se basaba dicha creencia, así que estos grandes teólogos pasaron mucho tiempo refutando creencias de tipo gnósticas. Sin embargo, se dieron cuenta de que tenían que encontrar su propia explicación de cómo el mal y el pecado habían llegado al mundo, y de cómo Dios les permitió –y continua permitiéndoles– existir.

El argumento fue como éste: cuando Dios crea algo, por necesidad este algo queda fuera de Dios, lo que significa que el poder y gracia perfectos de Dios no se trasladan a lo que es creado, resultando así algo imperfecto, con límites y defectos. Como muchos de sus contemporáneos de fe, Agustín recurrió a la historia bíblica de la caída de la humanidad y sugirió que el defecto que causó que Adán y Eva desobedecieran la única regla que Dios les había puesto era la soberbia. La soberbia es una especie de voluntariedad; te da la impresión de que puedes existir por ti mismo, sin ninguna referencia a Dios.

Adam

Toda esta teología puede ser un frío consuelo en respuesta a la muerte, la enfermedad, los accidentes, los daños, la traición, la crueldad y otras cosas malas, pero las “buenas nuevas” –literalmente–, es que durante todos los tiempos Dios ha revelado que su divina intención es devolver la armonía a su amada creación. El regalo del único Hijo de Dios ha sido la más grande demostración de esta oferta de amor. Este Hijo fue, él mismo, víctima del mal y del pecado, y aún así, Dios fue capaz de extraer el supremo bien de la salvación y de la vida eterna inclusive de ese inconmensurable mal evento.

El pecado te aleja de Dios y de los demás, y si bien es cierto que la posibilidad del pecado puede ser inevitable en este mundo creado, siempre es posible elegir cambiar, de estar enfocado en uno mismo, a enfocarse en los demás.

En línea
• The Catechism of the Catholic Church has an excellent discussion of creation, nos. 268-314
• See also Pope John Paul II’s talk “Created Things Have a Legitimate Autonomy”
• For Irenaeus’ discussion of these issues, see Book 4, Chapter 38 of his Against Heresies
• For Augustine, see Chapters 1-5 of Book 14 of his City of God

¿Está bien usar pan "real" para la misa?

Por: Alice L. Camille   🕔 Monday 02, July 2012 Categorías: Doctrines & Beliefs

Si por real te refieres al tipo de pan que consigues en el supermercado, la respuesta corta es no. Primero, aquí está la regla, que aparece en las directivas de la instrucción vaticana del 2004 (Redemptionis Sacramentum, núm. 48):

“El pan que se emplea en el santo Sacrificio de la Eucaristía debe ser ázimo, de sólo trigo y hecho recientemente, para que no haya ningún peligro de que se corrompa. Por consiguiente, no puede constituir la materia válida, para la realización del Sacrificio y del Sacramento eucarístico, el pan elaborado con otras sustancias, aunque sean cereales, ni aquél que lleva mezcla de una sustancia diversa del trigo, en tal cantidad que, según la valoración común, no se puede llamar pan de trigo. Es un abuso grave introducir, en la fabricación del pan de la Eucaristía, otras sustancias como frutas, azúcar o miel. Es claro que las hostias deben ser preparadas por personas que no sólo se distingan por su honestidad, sino que además sean expertas en la elaboración y dispongan de los instrumentos adecuados”.

La Ley Canónica (canon 924) y la Instrucción General del Misal Romano (núm. 319-321) afirman esta práctica. La IGMR añade: “La naturaleza del signo exige que la materia de la celebración eucarística aparezca verdaderamente como alimento. Conviene, pues, que el pan eucarístico, aunque sea ázimo y elaborado en la forma tradicional, se haga de tal forma, que el sacerdote en la Misa celebrada con pueblo, pueda realmente partir la Hostia en varias partes y distribuirlas, por lo menos a algunos fieles. Sin embargo, de ningún modo se excluyen las hostias pequeñas, cuando lo exija el número de los que van a recibir la Sagrada Comunión y otras razones pastorales”.

De acuerdo con la Enciclopedia Católica, no sabemos qué usaban los apóstoles. Es posible que hayan preferido el pan ázimo (sin levadura) usado para las celebraciones de Pascua, por lo que las iglesias del Occidente solían hacerlo así. Las iglesias del Este preferían el pan fermentado (con levadura), como lo usan hoy todavía. En los inicios, el pan y el vino eran aportados por los fieles; cada uno contribuía con su porción. Así que seguramente los tipos y texturas variaban. Conforme creció la reverencia por la Eucaristía, se fueron preparando panes especiales para el altar, redondeados y estampados con emblemas religiosos. Estas “hostias” eran más pequeñas y delgadas, similares a las conocidas obleas que recibimos en la actualidad.

Escrituras
Éxodo 12:8, 15-20; 13:3, 6-7; 29:2; Levítico 23:4-8; Deuteronomio 16:3-8; Mateo 26:17; Marcos 14:12; Lucas 22:7-8; 1 Corintios 5:6-8

Libros
The Breaking of the Bread: The Development of the Eucharist According to the Acts of the Apostles by Eugene LaVerdiere, S.S.S. (Liturgy Training Publications, 2007)

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